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Salto de fé

  • Foto del escritor: Milena Clavijo
    Milena Clavijo
  • 16 sept 2019
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 25 jun 2020


Todos tenemos algo que perder. Algo que valoramos profundamente porque lo hemos conseguido con esfuerzo, o que nos ha sido entregado gratuitamente pero conocemos su valor.

Nos apegamos a nuestros logros, a nuestras posesiones, porque de alguna manera muestran que hemos recorrido un camino y que hemos obtenido resultados. Necesitamos demostrar que hemos hecho algo con los días que hemos vivido.

Esto es particularmente cierto en términos laborales. ¿A quién se le ocurre dejar una carrera en cierto tema, sector o profesión después de cinco, diez, quince años o más trabajando en eso? Casi puedo oír los susurros de los demás comentando lo absurdo que suena.

Sin embargo, esas cosas a las que nos apegamos pueden haberse convertido, sin darnos cuenta, en peso muerto. En un piano que cargamos por la vida sin percatarnos de que ya no lo usamos, no lo queremos, no lo necesitamos.

Mario Mendoza, autor colombiano, lo expresó de forma muy elocuente cuando dijo: "A veces uno gasta la vida de tanto vivirla (...) se repite de mala manera (...) comete los mismos errores, consigue parejas similares, ama de la misma forma (...) dando vueltas en un laberinto interminable, hasta que dice "Ya no puedo más" (...) porque siente que ese que ha sido durante tanto tiempo, ya no es".

Pero eso no es todo: destaca que muchos nos dedicamos a defender ese cadáver, incluso algunos lo cargan de por vida porque les da miedo "morirse", es decir, dejar ese personaje atrás. Ante eso es tajante: "hay que morirse, sin miedo. Reinventarse con otras categorías, otros deseos, gustos. A lo largo de la vida hay que dejarse morir muchas veces o se corre el riesgo de repetirse sin sentido".

Finalmente, Mendoza recomienda estar atento, reconocer el momento específico y dejarse morir, citando al cierre dos poemas que estuvieron presentes en dos de sus "muertes": el primero es "Piedra de Sol", donde Octavio Paz habla del olvidado asombro de estar vivos ("A uno le parece que estar vivo es normal y no es verdad"), y un poema Navajo, que dice "Salta, ya aparecerá el piso".

Yo pienso que el salto de fé, ese momento para empezar de nuevo en todos los aspectos de la vida, con frecuencia, solo puede darse si nos dejamos morir. Si dejamos ir lo que pensamos que siempre sería nuestro, para ir por lo que podría serlo, si solo lo intentáramos.

¡Cómo nos cuesta creer!

Mira el video de la citada entrevista a Mario Mendoza aquí.

 
 
 

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© 2017 por Milena Clavijo.

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