¿Quién eres realmente?
- Milena Clavijo
- 18 oct 2019
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 25 jun 2020

Carl Jung (1875- 1961), médico, psiquiatra y psicólogo suizo, fue quien acuñó el concepto del inconsciente colectivo, el cual sostiene que la estructura de la mente inconsciente es compartida por todos los miembros de una misma especie. Este inconsciente está poblado por arquetipos e instintos, los cuales influencian el inconsciente personal y por esta vía el consciente, de maneras fuertes e insospechadas.
En “El significado de la constitución y la herencia para la psicología” (noviembre de 1929), Jung escribió que: “la existencia del inconsciente colectivo supone que la consciencia individual no es ni mucho menos acondicional. Por el contrario, es sumamente influenciable por la condición heredada, independientemente de las inevitables influencias del ambiente. (…) Es la precondición y el suelo natal de todo acontecimiento anímico consciente y, por esta misma razón, es una influencia que compromete en gran medida la libertad de la consciencia, empeñada siempre en encauzar todos los procesos conscientes por su curso habitual”.
Numerosos experimentos de psicología, neurociencia y antropología han encontrado evidencias de esta especie de inteligencia/memoria/instinto que subyace a la especie y a la que nuestras mentes tienen acceso permanente.
Tal hallazgo lleva a preguntar hasta qué punto nuestras acciones están sujetas a los modelos y estructura de ese inconsciente colectivo, sin que seamos conscientes de ello. Naturalmente, desde el punto de vista de la supervivencia, es innegable que los comportamientos aprendidos para garantizarla pueden asegurar la existencia de nuevas generaciones, pero de alguna manera nos llevan por un camino con la misma inercia, donde no nos hacemos las preguntas ya, puesto que es bien sabido por todos que las cosas “son así”.
¿Hasta qué punto podemos estar convirtiéndonos en copias de nuestros ancestros? No necesariamente los de la línea familiar, por supuesto. El inconsciente colectivo lleva siendo construido miles de años.
Prestar atención a la existencia de este inconsciente colectivo debería ponernos en alerta ante los cursos de acción que tomamos en nuestras vidas. ¿Por qué hacemos lo que hacemos? Y el cómo lo hacemos, ¿es el único?
Quizá deberíamos confrontar nuestras decisiones cada vez que las tomamos, procurando pensar “fuera de la caja”, preguntándonos: ¿esta es la única manera de hacer esto o yo podría dar con otra? Una más sensata, más afín a mis intereses, más por qué no, ¿fácil?
Los invito a poner en tela de juicio las decisiones que tomen hoy. Cualquiera de ellas, por pequeña que sea, puede estar llevándonos por el camino de la inercia y el status quo, que no necesariamente es lo que estamos buscando o lo que más nos conviene, especialmente cuando queremos trabajar en lo que nos gusta y no en lo que nos toca.
Como es evidente, estos cuestionamientos también pueden ser hechos en retrospectiva. Es muy probable que haya decisiones del pasado que se tomaron con la inercia propia del “así debe ser”. Cosas de la personalidad, del estudio, de los amigos, de la pareja, incluso de la forma en que se maneja la maternidad o paternidad.
Desde el día en que nacemos recibimos estas influencias, lo cual es a la vez nuestra bendición y nuestro problema. Nuestro reto es aprender a ser conscientes de cómo podemos estar conduciéndonos de forma inconsciente por los caminos de otros.
¿Este eres realmente tú?, o ¿eres la copia de otros? No hay que acelerarse, este no es un trabajo corto: se requiere una vida entera para conocerse. Pero cada día si podemos encontrar nuevas pistas acerca de nosotros mismos y poco a poco, armar el rompecabezas.
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