Cada día haz algo que te asuste
- Milena Clavijo
- 14 jun 2019
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 25 jun 2020

Eleanor Roosevelt (1884-1962) nació en una familia acomodada, pero su vida no fue nada fácil. Su madre y su hermano murieron de difteria cuando ella tenía solo dos años, y su padre, que era alcohólico y estaba internado en un sanatorio, murió poco después.
La crió su abuela materna y después, cuando inició su romance con Franklin D. Roosevelt, que sería presidente de Estados Unidos, su suegra se opuso. Más adelante, cuando se casaron y tenían hijos, el matrimonio pasó a ser sólo una conveniencia política, pues se enteró de que él le era infiel.
Tras este desengaño se volcó a la vida pública y a su trabajo social, obteniendo cada vez más popularidad y aprobación de la sociedad estadounidense, que la vio participar activamente tras la Segunda Guerra Mundial en la formulación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Cuando su esposo cayó enfermo de polio, le cuidó hasta sacarlo adelante, y se enfrentó a su suegra, que se obstinaba en que tras la enfermedad se retirara de la política para ser un caballero rural.
Sin duda, para haber conquistado cada uno de esos reveses en la vida, por no hablar de los estereotipos que sobre el rol de la mujer había en la época, Roosevelt debió tener algún sistema para abonar su fortaleza emocional.
Me gusta pensar parte de ese método fue precisamente lo que en esta cita ella destaca: Hacer cada día algo que nos produzca miedo, nos permite ver que los 'monstruos' que creamos en nuestra mente son sólo eso: creaciones subjetivas. Y cada vez que enfrentamos algo a lo que tememos, en vez de huir, nos mostramos a nosotros mismos cuál es nuestro verdadero potencial.
Es más, suponiendo que de ese enfrentamiento no salga un triunfo como lo conoce la sociedad, igual siempre saldremos ganando, pues el aprendizaje nos muestra otras alternativas y nos empodera para ir tras ellas.